El Pájaro de Plata

“En los Mares del Sur existe un viejo rito que sirve para renovar la vida, para llenar el alma de gozo y para dar fuerza a todos los seres de buena voluntad. A la caida del sol un enorme pájaro plateado cruza los cielos y las tierras de los seres vivos y roza con sus alas las aguas serenas de la laguna.
Quien recibe al pájaro de plata desnudo y unido a los seres de buena voluntad, vivirá eternamente.”

Sipnosis
En “El Pájaro de Plata” vuelven a la memoria aquellos personajes que poblaron la historia de VICTOR, hombre maduro que regresa a su hogar, a su ciudad, para recoger una herencia y recordar los momentos que le ofrecieron la imagen de una madre anciana, un padre agonizante, y una hermana atada a la cruel realidad de lo cotidiano y aquellos otros, lejanos en el tiempo, pero vivos en la memoria, que le traen la imagen del niño que fue, que esperó la magia de los atardeceres y sufrió la incompresión, la intolerancia y el peso de sus propias raíces.

¿POR QUÉ “EL PÁJARO DE PLATA”?
Escribí “El pájaro de Plata” porque un día descubrí un lugar, en el que se alzaba penosamente el viejo cenador, y me di cuenta de que el arroyo se había secado y el polvo levantaba lomas secas donde un día, al abrigo de las mimosas, mis manos de niño se mojaron cuando las apoyé en el suelo para mirarme en el espejo de las aguas negras. El tiempo había sido cruel con todo aquello y de la crueldad del tiempo, los instantes en los que la soledad impidió, en cada rincón del paisaje interior, que brotasen las risas, los murmullos de vida y las músicas dejaban dentro de mi una profunda herida.
En esa herida, que no conseguí cerrar escribiendo “Perfume de mimosas” hace casi diez años, permanecía abierta, como abiertos y palpitantes permanecían los motivos y las circunstancias que alejaron a Víctor de su propia realidad. Y por esta razón me dispuse a contar de nuevo una historia en la que sueño y realidad, sangre y viento, se aliaran para ordenar los momentos y recuerdos que me venían a la cabeza y sobre todo al corazón. Hoy, meses depués de poner final a esta historia, sé que Ciro está muerto. Sé que Víctor se repone poco a poco de tan enorme dolor y que esta no es la segunda parte, no es un remedo de nada, ésta es nuevamente la misma historia porque así, con la intensidad de aquella, me la dictó el cariño y la pasión por el teatro.

Miguel Murillo Gómez (Autor)

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